1. Memorias de un pasado mejor, antagonismo a un presente irresoluto.
Cuando éramos libres, teníamos casas sin rejas y sin muros. Los niños jugaban en los parques y en los barrios de la periferia, las señoras conversaban tranquilas en las puertas de sus casas, mientras los niños corrían en la calle.
Cuando éramos libres muchas personas, que no tenían empleo, ganaban algún dinero vendiendo diversos artículos que ofrecían a quienes paraban sus vehículos en los semáforos. Ellos se iban contentos y los conductores también.
Cuando éramos libres, mucha gente iba con tranquilidad a los centros comerciales, algunos a comprar, otros al cine, otros a mirar y algunos a aprovechar el aire acondicionado a las horas de más calor.
Cuando éramos libres, cualquiera que fuera el lugar y la hora en que se ofrecían expresiones de la cultura podíamos ir y disfrutar del teatro, de la música, del cine, de las exposiciones.
Cuando éramos libres, sabíamos que cuando cerrábamos las puertas de nuestras casas nadie nos perturbaría y menos nos amenazaría.
Cuando éramos libres podíamos ser corteses, solidarios, acercarnos y ayudar a quien creíamos que lo necesitaba, sin temer que fuera una trampa.
Cuando éramos libres teníamos mil temas amenos de conversación, ahora, la mayoría de los encuentros empiezan y terminan con el relato o testimonio de alguien que fue asaltado, golpeado, insultado, amedrentado, robado. conversación, ahora, la mayoría de los encuentros empiezan y terminan con el relato o testimonio de alguien que fue asaltado, golpeado, insultado, amedrentado, robado.
Cuando éramos libres la ciudad era nuestro espacio natural, sin límites, ni temores.
Ahora, los ricos y los pobres ponen rejas en sus casas. Nadie baja la ventanilla del carro para comprar porque no sabe si tras la oferta de venta hay realmente una amenaza. Todos temen en los lugares públicos, el que debe comprar algo lo hace rápido y no se permite perder el tiempo mirando algo más. Muchos han dejado de asistir a conciertos, cine o teatro. Lo peor es que todos hemos dejado de ser solidarios, no sabemos si quien se nos acerca va a pedirnos algo que realmente necesita o va a agredirnos, entonces, eludimos hablarle, sin enterarnos siquiera de por qué se acercaba.
La inseguridad nos impide ser libres y al hacerlo viola muchos de nuestros derechos que la Constitución dice garantizar.
La seguridad en todas sus expresiones es requisito indispensable para el ejercicio de la libertad, el Estado tiene la obligación de garantizarla y los ciudadanos tenemos el derecho de exigirlo.

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