Nueva Edición, ¿se puede señor Presidente?

Como el Gobierno no puede sacar a la calle un buen periódico que compita con la prensa independiente, ni programar decentemente la cantidad de emisoras de radio que tiene en sus manos, ni mucho menos mantener en el aire una televisión con programas que valgan la pena, entonces arremete judicialmente contra los medios de comunicación. Se trata de la misma reacción de un jugador de dominó que le da una patada a la mesa porque está perdiendo.

El Gobierno, entre corruptelas y mediocridades, arrastra en su desgracia a todos aquellos funcionarios de prensa que tratan de levantar la imagen oficial. Es una tarea perdida de antemano porque el trabajo de los periodistas del oficialismo nunca estará a la altura de lo que ordena el Presidente de la República.

Cuando se miden los resultados, luego de inyectarle centenares de millones de bolívares a sus periódicos, radioemisoras y televisoras públicas, se dan cuenta de que no han logrado crecer en lectores o en cifras de audiencia. Nombramientos improvisados, productores mediocres y legiones de negociantes del oficialismo han devorado sumas multimillonarias que hubieran servido para levantar escuelas y mejorar los hospitales.

De los bancos públicos han salido decenas de créditos incobrables para comprar rotativas y levantar edificios para los nuevos diarios bolivarianos que, para mayor cinismo, se nutren de una aplastante publicidad oficial, o de ayudas en dinero contante y sonante para no dejar rastros.

Ese periodismo revolucionario, ramplón y sumiso, no es ni periodismo ni mucho menos es revolucionario. Es un periodismo oportunista porque sus líneas editoriales y sus compromisos éticos dependen del humor del jefe supremo. Si éste se levanta una mañana con ganas de alabar al presidente Barack Obama, pues todos los medios oficialistas hacen cola para destacar los méritos del joven estadista estadounidense. También puede resultar lo contrario, y lanzar rayos y centellas sobre la Casa Blanca.

Y lo que es más vergonzoso y falto de ética: no se puede criticar a un ministro si goza de la confianza del Presidente, tampoco se debe entrevistar a un alto funcionario para que explique su salida de la Cantv o del Ministerio de Ciencia y Tecnología. Eso es un delito y una traición.

A los periodistas del oficialismo les está prohibido investigar un escándalo de corrupción, o de supuestos malos manejos administrativos con pérdidas millonarias para el Estado, como ocurrió con la televisora Tves. Deben permanecer callados y en silencio cómplice.

Por eso, el Gobierno quiere exterminar el periodismo independiente, encarcelar a los dueños de los medios y fabricar delitos como el de “usura genérica” contra Guillermo Zuloaga, presidente de Globovisión, por estacionar en su propiedad 24 automóviles que ya estaban vendidos y en proceso de entrega a sus dueños.

Pero no citan a la Fiscalía a Diosdado Cabello por los 25 carros de lujo que tenía (según denuncia pública) guardados para él solito en los garajes de la Gobernación de Miranda.

~ by rocker652 on November 4, 2009.

2 Responses to “Nueva Edición, ¿se puede señor Presidente?”

  1. [...] { Noviembre 5, 2009 @ 12:06 am } · { Opinion } prueba2 [...]

  2. [...] 2. Nueva Edición, ¿se puede señor Presidente? [...]

Leave a Reply

Fill in your details below or click an icon to log in:

WordPress.com Logo

You are commenting using your WordPress.com account. Log Out / Change )

Twitter picture

You are commenting using your Twitter account. Log Out / Change )

Facebook photo

You are commenting using your Facebook account. Log Out / Change )

Connecting to %s

 
Follow

Get every new post delivered to your Inbox.